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jueves, 1 de marzo de 2012

Ahora se les llama “cabronas”

 

Paloma Ruiz Esparza Puga


Desde que Eva nació de una costilla de Adán, se visualizó a la mujer como inferior al hombre. Con menor inteligencia, con menores virtudes, con mayor abnegación. Desde este momento se sujeta a la mujer siempre a las órdenes de algún hombre. Es así como se comienzan a arraigar clichés sobre las cualidades masculinas o femeninas. Esto ocurrió por muchos años hasta hace poco tiempo (todavía algunas abuelas nos relatan sus vidas de jóvenes).
        Desde el siglo XX ocurrió un fenómeno transcendental para la mujer y para la sociedad en general, ya que provocaría una revolución mundial. Se le llamó feminismo, que defiende la igualdad entre la mujer y el hombre.
        La mujer ya no es mandada por el hombre, ahora ella es independiente y decide estudiar no para tener algo qué hacer en su tiempo libre mientras se casa, sino para ejercer su carrera. Elizabeth Hilts, en su obra Manual de la perfecta cabrona, menciona que todas las mujeres tenemos una cabrona interior y una lindura tóxica, ésta dos continuamente están peleándose por sobresalir aunque ésta última sea enfermiza. La lindura tóxica es el ingrediente que hace que una mujer no se pueda desprender de los clichés establecidos y siempre esté insegura sobre sus acciones, y al mismo tiempo esté molesta por lo que nunca hizo. La lindura toxica no le deja mostrar sus verdaderos sentimientos y deja que los demás se aprovechen de ella al ser excesivamente condescendiente. Así, Hilts describe una mujer cabrona con las siguientes características: razonable, profesional en su trabajo y amorosa en su hogar, ser equitativa con su pareja pero sobre todo nunca decir sí cuando quiera decir un gigantesco no. Ella usa este calificativo al hacer una pequeña y a la vez gigante comparación: cuando un hombre es exitoso, lo llaman “triunfador”; pero cuando una mujer realiza bien su trabajo, la llaman “cabrona”. La autora no le tiene miedo al adjetivo, para ella es como una cualidad que no desea abandonar nunca. 
        Victoria Camps opina muy semejante a Hilts. Ella opina que para llegar a tener las mismas oportunidades que el hombre posee, la mujer ha elegido el camino de igualársele al hombre, o en otras palabras, ha ocurrido una masculinización de la mujer. Ella ha renunciado a la maternidad y a formar un hogar, solo se dedica a ser profesionista.  Dice además que para tener una sociedad más igualitaria en la práctica y no sólo en teoría, debe ocurrir una feminización de los hombres. Que ahora ellos tomen parte de las obligaciones de la mujer y que se ocupen de las tareas domésticas, y el cuidado de los niños, entre otras cosas. Así, su utopía sería que ambos géneros se fusionen para que la mujer de hoy en día en verdad pueda decir que ha ocurrido la liberación que tanto ha esperado.
        Para mí, estas dos autoras coinciden en que una verdadera cabrona es una mujer que razona, es inteligente, no renuncia a sus cualidades femeninas, jamás se comporta como hombre en ninguna situación (ya que esto provocaría más machismo), pero sobre todo es segura de sí misma y posee la clave de una buena sociedad: saber balancear los roles de cada género.

Bibliografía:
Camps, Victoria, El siglo de las mujeres, 4ª Edición, Ediciones Cátedra, Madrid, 2003

La mujer en la literatura

Cecilia Flores Sandoval


En tiempos como estos, donde la mujer ha incursionado en los negocios, la salud, la educación y las ciencias entre otras áreas, es importante que también en la literatura se le dé su espacio y se le reconozca su aportación. Es preciso que se le estudie del mismo modo que a los personajes masculinos de los que están repletos nuestros libreros.

Es común que en el salón de clases donde se imparte la materia de literatura o lectura y redacción se hable sólo de escritores del género masculino. Los grandes clásicos que han sido escritos por hombres son los más leídos y referenciados por los alumnos, y muchas veces por el mismo maestro.

Aunque hay que reconocer la maestría de los grandes escritores masculinos no debemos despreciar aquella proveniente de las escritoras que tienen un lugar tanto en la literatura universal como en la de ocasión: los famosos best-sellers, vendidos en todas las librerías de temporada en temporada. Sólo es cuestión de ver las portadas de los libros, descubriremos que hoy en día los libros pueden estar escritos por ambos géneros y se venden por igual.

En lo personal, de principio no conocí a muchas escritoras, la mayoría de los libros a los que tuve acceso en mi infancia y posteriormente fueron escritos por hombres, y aunque no desprecio dichas obras, me interesé por buscar algunas escritas por mujeres, cuya obra reflejara un punto de vista femenino con el cual me podía identificar y además descubrir otra forma de escribir.

Isabel Allende, Amparo Dávila, Claudia Casanova, Frances Hodgson Burnett, Nuria Masot, Tessa Korber y Cristina Pacheco, fueron las primeras que escuché mencionar y llegué a leer. Y aún sigo buscando otras obras escritas por mujeres, algunas que me han recomendado o que he visto en las librerías o en las listas de los mejores libros del año.

Es importante conocer ambos géneros para el lector promedio y todavía más esencial para el experto en las letras. La presencia de la mujer en la literatura viene desde la época antigua con autoras como Safo de Lesbos pasando por las mujeres educadas de los tiempos medievales y nuestra poetisa Sor Juana.

Por ello considero que debemos darnos a la tarea de rescatar y buscar en la literatura universal las obras escritas por mujeres, no es necesario adentrarnos en cuestiones feministas sino simplemente tener cierta equidad de género en cuanto a nuestras lecturas. Podemos conocer las dos maneras de escribir y de concebir el mundo literario para nuestro propio enriquecimiento.